A lo largo de casi dos décadas, el estratega vallecaucano ha liderado con convicción inquebrantable el Torneo Nacional de Fútbol Femenino, transformándolo en la gran cantera donde se han forjado las estrellas de la Selección Colombia y el balompié profesional.
Palmira, Valle del Cauca . - En una época donde el fútbol femenino en Colombia era apenas una ilusión postergada y carecía de patrocinadores, estadios llenos y transmisiones de televisión, un hombre decidió no esperar a que las oportunidades llegaran por sí solas. Con determinación, visión y un amor entrañable por la pelota, Felipe Taborda sembró la semilla de lo que hoy es uno de los certámenes formativos más importantes de la nación: el Torneo Nacional de Fútbol Femenino.
Han transcurrido 18 años desde que esa propuesta vio la luz por primera vez en la 'Villa de las Palmas'. Dieciocho años de tenacidad ininterrumpida, donde Taborda ha tenido que gambetear la falta de apoyo, la escasez de recursos y la incredulidad generalizada para sostener una plataforma que ha cambiado la vida de miles de jóvenes futbolistas en todas las regiones del país.
La cantera inagotable del talento nacional
Lo que comenzó como una iniciativa local e independiente con contados equipos, se ha consolidado en una cita infaltable del calendario deportivo del país. Hoy, el Torneo Nacional recibe a más de 100 delegaciones de diferentes rincones de Colombia, divididas en múltiples categorías que van desde las etapas infantiles hasta la categoría libre.
A lo largo de sus 18 ediciones, por las canchas de este torneo han transitado las principales referentes de la época dorada del fútbol colombiano. Nombres de la talla de Catalina Usme, Daniela Montoya, Leicy Santos y Linda Caicedo, entre muchas otras, moldearon su carácter competitivo y exhibieron sus primeros destellos de magia en el certamen impulsado por el técnico vallecaucano.
Para Taborda —exdirector técnico de las Selecciones Colombia femeninas en mundiales y Juegos Olímpicos— el torneo nunca ha sido un simple certamen deportivo. Ha sido un faro social, un canal de transformación e inclusión para niñas y jóvenes que encontraron en el balón una oportunidad para alejarse de la violencia, acceder a becas educativas y soñar con un futuro profesional.
El País
“Creer en el talento de nuestras mujeres cuando muy pocos lo hacían no fue una opción, fue un deber con el deporte y con el país. Sostener este torneo durante 18 años ha sido una maratón de resistencia, pero ver a nuestras jugadoras brillar en el mundo hace que cada sacrificio valga la pena”, afirma con orgullo el estratega.
Un legado que transforma la región
Además de su indiscutible impacto deportivo, la perseverancia de Felipe Taborda ha convertido a Palmira en la verdadera capital del fútbol femenino nacional. Cada fin de año, la llegada de cientos de deportistas, cuerpos técnicos y familias activa la economía local, dinamizando el sector hotelero, gastronómico y comercial.
Hoy, cuando el fútbol femenino en Colombia celebra estadios llenos y reconocimientos internacionales, es de justicia mirar atrás y reconocer el trabajo silencioso de quienes pavimentaron el camino. La historia del balompié femenino colombiano no se puede escribir sin el nombre de Felipe Taborda: el verdadero abanderado que, con 18 años de tenacidad, nunca dejó apagar la llama de la ilusión competitiva.